Pág. 19 Halagos en vez de reproches • Si tu hijo pasa por muchos episodios de mal genio al día es posible que quiera llamar tu atención. Está demostrado que los adultos prestan mayor atención a los niños cuando despliegan malos gestos que cuando no lo hacen. • Debemos reforzar el buen comportamiento del pequeño, diciéndole cosas como: “Me alegra mucho que hayas recogido tus juguetes del salón”, o “vi que cuando se le cayó el osito a tu hermana se lo recogiste y se lo diste, fuiste muy amable”. No hay que mezclar halago con crítica, diciendo cosas como: “Qué bien que hoy te laves los dientes sin rechistar, no como otras veces”, en cuyo caso la frase pierde su efecto positivo. • Prestarle atención a su buen comportamiento no significa que haya que ignorarle cuando esté de mal humor. Todos nos irritamos y no hay que reprimirlo. La frustración y el enfado son parte del crecimiento. Por suerte, los malhumores de los niños se esfuman en cuanto aparece un estímulo más interesante. Enseñarles a valorar • Para ayudarles a encajar mejor los inconvenientes de la vida, es muy importante que le enseñes a ver el lado positivo de las cosas: “Te has peleado con tu amigo, pero cuando te reconcilies seréis aún más amigos”. • Hay que hacerles ver la botella medio llena y no medio vacía, enseñarles a valorar lo que tienen, no lo que les falta, porque siempre les va a faltar algo. • Un problema puede tener muchas soluciones y los pequeños deben aprender a encontrar varias salidas. Siempre les podemos ayudar diciéndoles: “No podemos ir al cine, pero podemos hacer otra cosa en su lugar”. • Los padres deben escuchar a sus hijos. Puede que el niño esté enfadado con razón: se le ha roto su muñeco, el profe ha sido injusto con él... En estos casos, no hay que silenciar su mal genio, sino mostrar empatía y enseñarle a sobrellevarlo • Vicente se enfada cuando no le salen los deberes o cuando lee algo y no lo entiende. Al principio, su madre intentaba calmarle pero él no se dejaba ayudar. Ahora le deja desfogarse un poquito antes intentar echarle una mano. • Cuando Irene se enfurruña no siempre sabe por qué ha sido, a veces porque ha pensado en algo malo, otras porque se aburre... Como es una niña introvertida, a su padre se le ocurrió darle papel y lápices para que dibujara su mal humor. Ahora tiene una colección preciosa de malos genios, oscuros, rojos y naranjas, con cara de conejo... • Hugo se pone de mal humor cuando tiene hambre, cuando no le dan lo que pide... Sus padres consiguen que se le pase haciéndole pensar en cosas buenas como lo bien que lo pasaron cuando fueron al parque acuático con los primos, en las últimas vacaciones o la mega tarta que comieron en su cumpleaños y que pronto podrían preparar otra vez. • Cuando llega la hora de dormir, Julia enfurruña y se niega a irse a la cama. Su madre se lo avisa un ratito antes de la hora. Así se va haciendo a la idea poco a poco. Ideas de padres ingeniosos contra los malos humores de los niños
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