Pág. 18 REMEDIOS PARA COMBATIRSUMALHUMOR Autora: Judith León. Nuestros hijos ya no son bebés y quieren comportarse como los niños mayores que son (o creen ser). Si les llevamos la contraria, ya no cogen rabietas de unos minutos, sino que se ponen de un humor insoportable. Ha desaparecido la felicidad espontánea que tenían de bebés y a veces parece que el mal genio domina su personalidad. A los cinco y seis años, los niños ya quieren tomar sus propias decisiones. Si les contradecimos pueden volverse muy cabezones. Cuanto más les negamos algo más lo quieren, ya que a través de estos gestos reafirman su propia identidad. Creen que no hay derecho a que los adultos les impongan las reglas. Han aprendido a encender la tele, comer solos o ponerse el pijama, pero tienen que hacerlo cuando un adulto se lo pide. “¡Qué injusto! Pues entonces voy y me enfado”. ¡Cómo se ponen! El carácter de tu hijo tiene mucho que ver con su forma de enfadarse, pero también influye mucho el entorno que en el que vive y la educación que recibe de sus padres. • Si en casa percibe comportamientos agresivos es probable que grite, arroje objetos, llore... Si los papás no hacen estas cosas, se limitará a poner malas caras y a encerrarse en sí mismo. • Si del mal humor pasa a los arrebatos, debemos zanjarlos con contundencia, especialmente si infringe las normas como pegar, insultar o romper. • Cuando no atienda a razones, podemos darle un tiempo muerto para que se tranquilice y reflexione sobre su mal comportamiento. Por ejemplo, mandarle a un rincón de la casa donde lo podamos ver, sentadito en una silla mirando hacia la pared, durante unos tres minutos (es buena idea que tenga un reloj a la vista para que no se desespere). Debe conseguir estarse quieto y relajarse.
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